DESNUDANDO LA MÚSICA: Entre groupies anda el juego

groupies

El fenómeno fan no es algo nuevo. A lo largo de décadas el público se ha vuelto loco por sus ídolos musicales. Pero la efervescencia máxima ocurrió a finales de los años 60, con la aparición de The Beatles. El rock se convertía en el vehículo perfecto de canalización del espíritu rebelde de la adolescencia. Esas seguidoras enloquecidas, las groupies, no se conformaban con acudir a los conciertos de sus ídolos, sino que su objetivo era formar parte de sus vidas y dejar una huella más duradera.

Sexo, fama…Se ha especulado mucho sobre los intereses de estas incondicionales que abandonaban su vida por seguir a sus deidades musicales. Hay incluso quien apunta que estas fans tenían intereses musicales pero que, debido al machismo del mundillo rockero, el único papel protagonista que pudieron conseguir fue el de acompañantes más o menos duraderas o, en el mejor de los casos, esposas o musas de sus estrellas.

No nos resulta fácil identificar a las groupies de las que eran algo más. Nos referimos a las que sentían debilidad por tener parejas del mundo de la música pero su vida no giraba en torno a ellos. Por ejemplo, no incluiríamos dentro de este categoría a Nico, cantante de uno de los grupos más admirados de la historia, The Velvet Underground, si bien como persona activa en el mundo el rock no es raro que se relacionara sentimentalmente con varios de este entorno, tales como JIm Morrison, Brian Jones o Iggy Pop. También descartaríamos a Britt Eckland, puesto que, antes de sus romances con Rod Stewart y su matrimonio con el famoso baterista y fundador de Stray Cats, Slim Jim Panthom, tenía una reconocida trayectoria en el cine.

Además de los casos de Marianne Faithfull y Anita Pallenberg, de la que nos ocupamos en el post sobre Triangulos bizarros de la historia del rock, Bebe Buell y Pamela Des Barres ocupan un lugar privilegiado en la historia de las groupies. Jugaban en otra liga, en la de la aristocracia de las seguidoras fanáticas, esas que no eran las chicas de turno, sino que eran los rockeros los que giraban en torno a su magnetismo. En el caso de Buell logró que cayera rendida a sus pies media industria de la música, así como de otras artes tales como la pintura (admirada por Dalí y Warhol) y el cine (también tuvo amantes del séptimo arte como Warren Beatty). En su autobiografía Rebel Heart expone claramente el porqué de su larga lista de amantes (Iggy Pop, Mick Jagger, Elvis Costello, Rod Stewart, Steve Tyler): Siempre escogí estrellas de rock como novios porque me gustaba su temperamento: el nervio, la inestabilidad, la incertidumbre. Consiguió más o menos éxito como modelo, tuvo la suficiente cordura como para huír de las drogas pero nunca consiguió que su propia carrera musical despegara. Todo ello unido a la depresión en la que le sumió que su adorado Elvis Costello no abandonara a su mujer por ella, hizo que sentara la cabeza. Se casó con -como no- un músico y actualmente se dedica en cuerpo y alma (como madre amantísima y manager) a su hija, la famosa actriz Liv Tyler, fruto de su relación con Steven Tyler.

Pamela Des Barres por su parte siempre negó el interés sexual como motivación del movimiento groupie. No éramos unas putas. Queríamos estar cerca de la´música. Queríamos ser parte de esa increíble mundo que era la música y que iluminaba a todo el planeta. Su vocación despuntó temprana, cuando vistiendo aún el uniforme de instituto acudió a un concierto de Bob Dylan y decidió que eso es lo que quería hacer el resto de su vida, estar cerca de sus ídolos. Pamela vivió en carne propia la modificación del movimiento, cuando veinteañeras como ellas eran desplazadas por las baby groupies, niñas de apenas 14 años que comenzaban sus andanzas junto al músico de turno. Sin embargo no salió malparada del todo. Fundó la banda GTO (único caso de grupo musical compuesto por fans), se casó con uno de sus ídolos, escribió varios libros y próximamente uno de ellos será convertido en serie en EEUU.

Otras precoces reconocidas fueron Pennie Trumble y Sable Starr. La primera, conocida como Pennie Lane, fue inmortalizada en la película Casi Famosos por la actriz Kate Hudson. Durante tres años recorrió las carreteras de USA siguiendo a sus ídolos, volviendo al redil de la vida cotidiana a los 20 años. Sable Starr por su parte, de los 14 a los 17 años consiguió convertirse en objeto de deseo de los músicos de la época, antes de volver a casa a llevar una vida de adolescente normal antes de siquiera haber cumplido la mayoría de edad.

No ha sido esta la tónica oficial de las entregadas admiradoras, flores de un día en un ambiente donde siempre había más jóvenes y más guapas preparadas para sustituirlas, rodeadas de excesos y siempre a la sombra de sus ocasionales y volubles amantes. Una de las más tristes historias es la de Savannah. Esta californiana, de nombre real Shannon Michelle Wilsey, comenzó con 16 años sus escarceos sentimentales con famosos, de la mano de un componente de The Allman Brothers Band, al que seguirían Axl Rose, Slash, Billy Idol y largo etcétera. Su belleza y contactos hicieron que se introdujera en la industria del porno. Con solo 24 años, tras haber realizado más de 100 películas e inmersa en una depresión tras otra, fruto de los fracasos sentimentales y sus adicciones, conduciendo ebria tuvo un accidente en el que se desfiguró la cara. No esperó a llegar al hospital, sino que se pegó un tiro en la cabeza pocas horas después.

Pero sin embargo, colocamos en el top de las tragedias modernas la relación de amor entre Sid Vicious, bajista de Sex Pistols y Nancy Spungen. Convergieron dos personalidades destinadas a destruirse: un músico con trastorno límite de personalidad y una niña americana de familia bien con graves trastornos mentales desde pequeña (con ataques violentos a su familia e intentos de suicidio incluidos) Se conocen en Londres, donde recala Nancy tras haber sido groupie de Aerosmith y Ramones entre otros, alternando la persecución a sus ídolos con su consumo de heroína y ejercicio de la prostitución. Once meses duraría este historia de destrucción, cuando Sid encontró una mañana a Nancy desangrada en el servicio de su habitación del hotel. La puñalada en el abdomen que le causo la muerte sigue siendo un misterio ¿juego de recíprocas autolesiones, asesinato, ajuste de cuentas por parte de camellos? Sid moriría un año más tarde por un chute de heroína que le proporcionó su madre a petición de él. Quería cumplir la promesa suicida que le había hecho a su pareja.

En los 80 el fenómeno como tal desaparece, fruto de unos más prudentes artistas con miedo a que la exposición a sus fans fuera repetir la tragedia de Lennon, el pánico provocado por el Sida y los deseos cada vez mayores de sus seguidoras de aparecer en el papel couché más que la lealtad a su amante pasajero.

En la actualidad han sido sustituidas por actrices y modelos, con debilidad por los chicos malos de la música pero con carrera profesional propia (en la mayoría de los casos)

En VELVETY nos decantamos por la trágica historia de amor y muerte entre el músico y su groupie que les dedicaron los Ramones en su canción Love Kills. Disfruten.

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CONCHA GALLÉN (Psicóloga & Coach)

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