DESNUDANDO LA MÚSICA: Otis Redding, efímera y eterna historia de soul

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Aún reciente la tragedia aérea que se llevó por delante 76 personas, entre ellos a prácticamente toda la plantilla del club brasileño Chapecoense, nos hace recordar a los innumerables accidentes aéreos que han segado la vida y con ello la trayectoria musical de brillantes figuras. Uno de ellos el denominado rey del soul, Otis Redding. Esta semana hubiera cumplido 75 años de no haberse estrellado su avioneta a solo tres minutos de su destino. A este luminoso músico rendimos hoy nuestro sentido homenaje.

La historia de su infancia no dista mucho de la mayoría de los cantantes de soul de la época. Redding nació en 1941 en una familia pobre de un condado de Georgia, Dawson, desde donde se trasladaron pronto a Macon, donde la situación no era mucho más halagüeña. Para hacernos una idea, su barrio, Belleveu era llamado Hellview (vista del infierno) por sus habitantes. Y como muchos otros, pudo dar rienda a su talento musical en la iglesia baptista en la que su padre era predicador, aun cuando tuvo que arrimar el hombro  a pronta edad para mantener a su vasta familia ante la tuberculosis de su progenitor. Entretanto se presentaba al concurso local de talentos, hasta que le vetaron por abusón al ganarlo quince veces consecutivas.

Por entonces se cruzan en su vida dos personas fundamentales para su triunfo: el guitarrista Johnny Jenkins y su manager Phil Walden. Este último ve una mina en ambos y decide unirlos en la banda del primero, The Pinnetoppers. Walden, por cierto, fundaría más tarde con su hermano Alan la discográfica Capricorn Records y, macabras casualidades de la vida, Alan fue manager de la banda Lynyrd Skynyrd, algunos de cuyos componentes fallecerían en 1977  de la misma forma que Redding.

Posteriormente es contratado por la banda de Little Richard, The Upsetter, con la que canta un breve tiempo. Es por entonces cuando conoce a la que se convertirá en su esposa, Zelma Atwood, con la que contrae matrimonio a los veinte años. Un año antes se marcha, acompañado de su hermana, a probar suerte como cantante en Los Ángeles, donde compone sus primeras canciones: Tuff Enuff, I’m getting hip o She’s allright .

Tras su vuelta al hogar, sin éxito en California, en 1962 graba con Johnny Jenkins&The Pinetoppers el instrumental Love twist, que despierta en interés del sello neoyorkino Atlantic, quien le ofrece una sesión de prueba en los estudios Stax de Memphis. Esta fue un fracaso, pero algo había visto el hombre fuerte de Atlantic, (Joe Galkin) en Otis, pues insistió hasta los últimos minutos en que tocara algún tema suyo. Así fue como interpretando These arms of mine deslumbró a todos y firmó con Stax el single Hey baby bay/ These arms of mine en 1963. Gracias al espaldarazo del DJ John Richbourg, figura clave en la difusión del R&B en las emisoras de radio de la época, se encaramó al top 20 de las listas.

A finales de ese año actúa nada menos que en el teatro Apollo de Harlem y al año siguiente publica su primer álbum Pain in my heart (1964), que incluía temas como Mary’s little lamb o That ‘s what my heart need

Su segundo disco se graba un año más tarde bajo el nombre The great Otis Redding sings soul ballads (1965). Ya convertido en una estrella, incluye tanto clásicos del soul como temas originales compuestos por Redding y sus amigos, su manager Walden y el productor Steve Cropper, como Mr. Pitiful, Your one and only man o Come to me.

En septiembre de ese mismo año ve la luz uno de los grandes santuarios del soul, el disco Otis Blue: Otis Redding sings soul. Considerada su obra más representativa, incluye tanto canciones ajenas con su particular interpretación, como A change is gonna come o Wonderful world de Sam Cooke, Rock me baby, de B. B. King,Down in the valley de Solomon Burke o Satisfaction de The Rolling Stones como composiciones propias Respect, que llevaría  a lo más alto a Aretha Franklin o I’ve been loving you too long, grabada después por Tina Turner y los Rolling, o Ole man trouble.

En 1966 publica dos nuevos álbumes,  Dictionary of soul y The Soul album, además de grabar una versión del clásico Try a little tenderness, sin perder ni un ápice de su esencia personal. Si es que hay algo que asombra es que todo el mundo que llegó a conocerle destaca su tremenda bondad y humildad, nada que ver con la exaltación e idealización post-mortem del artista a la que estamos demasiado acostumbrados (y empalagados). Redding fue aparte de tremendo músico una gran persona, un tipo al que su talento y el éxito jamás se le subió a la cabeza e intentó con él convertir el mundo en un lugar más justo e igualitario recordando sus raíces.

En 1967 la revista Melody Maker le nombra mejor cantante del año, destronando así a Elvis Presley. Ese mismo año participa en el Festival de Monterrey, junto con otros grandísimos artistas como The Who, Janis Joplin, Jimi Hendrix o Grateful Dead. Curiosamente, gente a la que admiraba y a los que quería emular, como relata su hija Karla en una entrevista reciente. Karla tenía cinco años cuando falleció su padre y, según cuenta, su colección de discos atesoraba álbumes de The Beatles, The Rolling Stone, Janis Joplin o Jimi Hendrix, y era un apasionado del pop, género al que quería acercarse y beber más allá de las fuentes del soul. Así lo demostró en la versión que hizo de Satisfaction, que agradó a sus mismísimos autores.

Su actuación en Monterrey fue un éxito rotundo, y durante su gira, en un parón en una casa flotante en Sausalito, viendo los barcos pasar se le ocurrió la canción (Sittin’ on) The dock of the bay. Más que un título y el zénit póstumo de su carrera, fue una una descripción de sus últimos días. El silbido final fue una postergación de los últimos versos, esperando a que la inspiración para el término del tema se le apareciera más adelante. La parca no se lo permitió. La avioneta en la que viajaba el 10 de diciembre de 1967 se estrelló contra el helado lago Monona en Wisconsin, a escasos minutos de la pista de aterrizaje. Solo el trompetista Ben Cauley sobrevivió al desabrocharse por inercia el cinturón de seguridad antes de que la nave se estrellara y salir a través del destrozado fuselaje, aunque nada pudo hacer por sus compañeros al no saber nadar. Su amigo Cropper acabó de mezclar la canción antes de que el cuerpo de Redding apareciese, la tarea más dura a la que tuvo que enfrentarse en su vida, según sus propias palabras. Mantuvo intactos esos silbidos, que ya han pasado a la historia. Se convirtió en el primer tema póstumo en ocupar el número uno de las listas (1968), y la revista Rolling Stone la situó en el puesto 28 de la 500 mejores canciones de todos los tiempos.

Aunque obvia, cómo no incluir este tema en su homenaje, recordando a un gran hombre que en tan pocos años cambió el mundo del soul para siempre y cuya trayectoria nunca sabremos hasta donde habría podido llegar, pero cuyos temas siempre tendrán la capacidad de emocionarnos. Eterno Otis.

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Concha Gallén

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