DESNUDANDO LA MÚSICA: Woodstock, casi medio siglo después de El FESTIVAL

woodstock

A lo largo de la historia ocurren hechos cuya proyección e implicaciones son difíciles de predecir. Musicalmente, uno de ellos sin duda fue el festival de Woodstock. En una granja a las afueras de Nueva York, pocos podrían vaticinar que un evento de tres días sería recordado como un hito en cualquier crónica musical que se precie. Tampoco que a la vez, sería el cénit del hippismo y su ocaso, que había comenzado apenas unos días antes de manos de la secta de Charles Manson y su satánica familia. Sus terroríficos crímenes, unidos a los del médico Jeffrey McDonald, en un principio atribuidos a unos hippies, acabaron con la idílica imagen del movimiento. En su aniversario, dedicamos unos artículos esta semana a aquel grandioso evento.

En pleno crecimiento económico de los años 60, miles de jóvenes descontentos plantearon una ideología y un movimiento contracultural al capitalismo a través de una filosofía con unos principios básicos y ámpliamente aceptados y difundidos por sus seguidores: pacifismo (cuyo máximo exponente fue la oposición a la guerra de Vietnam), amor libre, connivencia con la naturaleza, estilismo unisex (pantalones patas de gallo, melenas largas y no demasiado abuso del agua, ese bien escaso), consumo natural de ciertas drogas, como la marihuana y el LSD y alternativas religiosas más abiertas, como el budismo y religiones antiguas que comulgaban en mayor medida con la madre naturaleza. El vehículo que canalizaba todo era el rock and roll junto con el folk reivindicativo.

En este contexto, surge Woodstock. Cuatro veinteañeros son las cabezas pensantes que se reivindican la concepción del macrofestival. Michael Lang ya había organizado un concierto de éxito en Miami y, como representante del grupo Train, ya en Nueva York toma contacto con otro joven, Artie Kornfeld, nada menos que vicepresidente de la discográfica Capital Records. La idea inicial era montar un estudio de grabación en Woodstock, para lo que necesitaban financiación. Por ese motivo entablan contacto con los adinerados John Robert y su compañero de piso, Joel Rosenman.

Sea quien fuere el artífice, la idea final se materializa en un futuro (próxímo) festival cuyo lema sería Tres días de paz y música, para lo que formaron su propia empresa, Woodstock Ventures. Comenzaron publicitándolo a través de importantes medios, como el New York Times y emisoras de radio. Pero conforme se iba conociendo la idea y adquiriendo repercusión, proporcional era el rechazo de los vecinos del condado de Ulster, en cuyo pueblo, Woodstock, estaba planeada la realización. El planteamiento de una reunión de miles de hippies izquierdistas fue rechazada por el entorno y, ante la presión recibida, el lugar de celebración se trasladó al pueblo de Bethel, en el cercano condado de Sullivan. Allí, el granjero Max Yasgur les alquiló uno de sus campos de alfalfa. Especial mérito tiene este agricultor, descendiente de judíos, que previamente al festival recibió llamadas anónimas amenazándole si seguía adelante con el contrato. Y vaya si continuó, apoyándose en su frase Si la distancia generacional se tiene que cerrar, nosotros, los viejos, tenemos que hacer más de lo que hemos hecho. Incluso criticó públicamente a los vecinos que durante los tres días vendieron agua para sacar beneficios. Él, en contrapartida, instaló un tanque gratuito al servicio de los asistentes.

De los 50.000 espectadores previstos por la organización, la cifra pasó a medio millón (sin contar los cientos que no pudieron llegar por el embudo que se formó en las carreteras de entrada) y los ochos dólares de entrada por día se convirtieron en una entrada gratuita tras una improvisada avalancha de anarquistas que derribaron las vallas el primer día. Anecdótico es que únicamente cubriera el evento un periodista, perteneciente al New York Times y Baron Wolman, un fotógrafo de Rolling Stone, quien hace apenas dos meses se unió a Lang para presentar una serie de fotografías inéditas del festival.

Debido a los monstruosos atascos para entrar al recinto, gran parte de los los músicos debían ser trasladados en helicóptero. El primer día  estaba dedicado a la música folk, y la cabeza de cartel era Joan Baez. El festival comenzó con una hora de retraso. La razón: era difícil encontrar a un artista que no estuviera demasiado lleno de drogas y/o alcohol como para coger un micrófono o una guitarra. De ese primer día destaca especialmente la presencia del Richie Havens, Tim Hardin (que se encontraba tan colocado por alcohol y heroína que tuvo que ser sustituido por el anterior para la apertura), Arlo Guthrie (hijo del emblemático Woody Guthrie) y la ya mencionada e icónica Baez, embarazada de seis meses, y cuya pareja, David Harris, se encontraba en la cárcel acusado de insumisión. Cómo no nombrar también la invocación de apertura del maestro espiritual indio Swami Satchidananda (posteriormente gurú de celebridades como George Harrison).

El segundo día, 16 de agosto, le tocó el turno al rock. Carlos Santana, al que adelantaron su hora de actuación varias horas, subió al escenario en pleno subidón de mescalina, aunque la droga no impidió una actuación memorable que le llevó al éxito (hasta entonces únicamente había publicado un disco).  La lluvia también fue la protagonista de ese día; la mayoría de los músicos actuaron bajo el inclemente temporal, aunque quienes se llevaron la peor parte fueron los psicodélicos The Grateful Dead, que debieron abandonar el escenario en mitad de la actuación por peligro de electrocución. John Fogerty no quedó muy satisfecho de su actuación (en parte porque la ausencia de público, que ya dormitaba los excesos), así que aceptó de buen grado no salir en el video conmemorativo. John Sebastian fue invitado por sorpresa desde el backstage, lo que agradeció profusamente durante toda su actuación, en parte al proceso lisérgico en que se hallaba imbuido.

El día se unía con la noche, la madrugada con el amanecer y el difícil catalogar quién actuó un día y quien otro. Debido a las avanzadas horas, Janis Joplin subió muy perjudicada al escenario, aunque ese alma que proyectaba a través de su voz rota quedó constatada en canciones como Piece of my Heart o Work me Lord.

El domingo 17 de agosto Joe Cocker tuvo el honor de abrir la jornada tocando, entre otras una versión de With a little help from my friends de The Beatles. Siguieron los británicos The Who, que no comulgaban con el ideario hippy e iban predispuestos negativamente, pero que dejaron una impronta con My Generation (entre otras). Neil Young participó con su banda de entonces, Crosby, Still, Nash & Young; Los Jefferson Airplane, cuyo disco del 67 Surrealistic Pillow representaba a la perfección el espíritu del festival. Y qué mejor colofón que Jimi Hendrix. Corrigiendo al presentador, que le anunció cómo Jimi Hendrix Experience y él rectificó por Gipsy Sun and Rainbows, para los anales ha quedado su curiosa reinterpretación del himno estadounidense, simulando con la guitarra sonidos de ametralladora y sirenas.

Muchos debieron ser los músicos arrepentidos de no acudir a tenor del éxito sin precedentes. Entre los cantantes y bandas convocadas que no asistieron se encontraban The Beatles. Una versión dice que fue la  imposición de John Lennon a que tocara la banda de Yoko Ono y la negativa de la organización lo que  impidió su presencia. Otras, que Nixon le impidió entrar en el país; También se dan distintas versiones respecto a la ausencia de The Doors. Unas dicen que Jim Morrison tenía miedo a que le mataran y otras, que consideraron de segunda clase actuar allí. Lo mismo pensó el manager de Led Zeppelin, Peter Grant, que no consideró importante hacer allí una parada de su gira. En el caso de Bob Dylan, fue la hospitalización de uno de sus hijos lo que dio al traste con su presencia. The Byrds manifestaron posteriormente su pesadumbre: decidimos tomarnos un descanso y nos perdimos el mejor festival de todos. Los Moody Blues prefirieron escoger la elegante París a la granja de alfalfa (quién se lo podía echar en cara entonces); Frank Zappa fue más explícito, no quería embarrarse con el lodo de Woodstock.  En el caso de Jethro Tull, fue un tema puramente económico: pensó que no iba a ser un buen negocio, mientras que Rod Stewart y Ronni Wood se lo perdieron por disolverse poco antes el grupo en el que tocaban juntos, The Jeff Beck Ground.

El después de Woodstock es largo. Comenzó por la lista de agricultores que demandaron a los productores porque sus vacas dejaron de producir leche debido al estrés de tantas personas hacinadas alrededor de sus animales. Además de ello, el fiasco económico fue tremendo. Tardaron una década en devolver el dinero que debían, dado que se gastaron más de tres millones de dólares y no ingresaron ni dos. Tres muertes accidentales, dos supuestos nacimientos y varios abortos se sumaron a la lista.

Pocos meses después, siguiendo la misma línea se organizó el Altamont Speedway Free Festival, que resultó antagónico en lo que a sucesos violentos se refiere (en parte por los encargados de la seguridad, Los Ángeles del Infierno).

Al año siguiente apareció el documental Woodstock: 3 days of Peace&Music (1970), producido por Scorsese y dirigido por Michael Wadleigh, que se alzó con un Óscar.

En la década de los 70 se repitieron peregrinaciones al lugar recordando el festival y en la granja de Yasgur se colocó una placa conmemorativa. Asimismo, Woodstock como festival se repetiría en otras cinco ocasiones (en los años 79, 89, 94, 99 y 2009) ni qué decir que a años luz de los resultados del primero.

Poco después del festival fallecían por sobredosis varios de sus máximos representantes. Jimi Hendrix, en septiembre del año siguiente y Janis Joplin unos días más tarde, el 4 de octubre. Tim Hardin. Moría un poco del espíritu de Woodstock a la vez que languidecía el hippismo en Estados Unidos, mientras que fuera de sus fronteras era adoptado por el resto del mundo, pero eso es otra historia…

El tema musical queda en manos del 5 canciones de esta semana. No por ello acabaremos sin canción. Bonito es recordar a Joe Cocker interpretando la versión de The Beatles de With a little help from my friends. Disfruten.

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Concha Gallén 

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