DESNUDANDO LA MÚSICA: Aretha Franklin, ¡un respeto!

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No es extraño que en alguna conversación sobre música, al salir el nombre de Aretha Franklin haya alguien que comente asombrado ¿Ah, pero que no ha muerto? Y no es que tengamos ganas de acabar con la vida de la cantante, sino que hay personajes que, dada su trayectoria  y su impronta se han desplazado ya al Olimpo de los dioses y a nuestro imaginario le resulta difícil situarles aun en el suelo que pisamos los mortales (a mí me ocurre continuamente con Kirk Douglas). Hoy recordamos luces y sombras de la Reina del Soul.

El currículum de la la cantante de Memphis es difícil de igualar. Entre sus logros, ser la primera mujer negra en aparecer en la portada de la reputada revista Time, ganar 18 premios Grammy, figurar en el top de Rolling Stone como la mejor cantante de todos los tiempos (superando a Sinatra), ser la primera mujer en entrar en el Salón de la Fama, cantar en el funeral de Luther King y en la inauguración de las legislaturas de varios presidentes de USA, colocar a lo largo de veinte años diez de sus singles en el top 10 de las listas americanas y un largo etcétera. Y por encima de todo, su voz insuperable, sus canciones y su lucha por los derechos de la comunidad negra y de las mujeres.

Al margen de ello se encuentran las historias más personales y menos conocidas. David Ritz, un prestigioso escritor autor de más de 50 libros, entre otros las biografías de grandes como Stevie Wonder, B. B. King, Elvis Presley o Natalie Cole, entre otros, lanzó en 1999 las memorias de la cantante bajo el título From these roots (Desde mis raíces). La polémica ha llegado cuando, tras 25 años de investigación, el 2014 vio la luz Respect, esta vez una biografía no autorizada que ha llenado de furia a la intérprete, dejando claras sus intenciones de poner una demanda a lo que ella considera un libro de mala calidad. Pero nos tememos que no es el estilo del autor lo que ha cabreado a Aretha, sino el repaso de su vida más oculta. Nuestro modesto blog no puede contrastar todas las afirmaciones que vierte Ritz en el libro, pero sí hemos comprobado que dan fe de muchas de ellas cantantes como Ray Charles o amigas de correrías de la cantante como Etta James.

Por las venas de la solista corren genes desbordantes de talento. Su madre, Barbara Franklin, era cantante de gospel y pianista y su padre un predicador apodado la voz del millón de dólares. Pero la  la infancia de la solista no se desarrolló en un entorno apropiado, pese a estar metafóricamente tan cerca de Dios. Clarence LeVaughn, que fue confidente del propio Marthin Luther King, utilizaba su iglesia para montar grandes orgías o, como las definió Ray Charles, circos del sexo, confirmado por el músico Billy Preston (colaborador habitual The Beattles, entre otros). Su madre, desesperada por las promiscuidades de su esposo, colmando el vaso el hijo que tuvo con una de sus feligresas, se separó de su marido, aunque, contrariamente a la creencia popular, visitaba a sus hijos con frecuencia hasta su temprana muerte. Ella y sus hermanos quedaron pues al criado de la figura ¿poco apropiada? del reverendo. Sus hermanas también se dedicaron al mundo de la música. Erma, de hecho, fue la cantante original de Piece of my heart, (1967) popularizado un año más tarde por Janis Joplin Carolyn fue corista y co-autora de algunos temas de Aretha.

Al tiempo que se criaba entre celebridades que visitaban su hogar con asiduidad, como el ya nombrado Ray Charles, Clara Ward, Sam Cooke o James Cleveland, también lo hacía entre la promiscuidad de los festejos paternos. Desarrolla una sexualidad temprana, teniendo a los 16 años ya dos hijos (algunas voces incluso apuntaron al reverendo como padre de uno de ellos, descubriéndose posteriormente que fue un compañero de escuela) negándose la artista a dar a conocer la autoría de los padres. Con 12 años mantiene relaciones sexuales con el músico Sam Cooke, que por entonces contaba con 23.

Su amiga Etta James ha añadido más leña al fuego: yo no la hubiera llamado activa sexualmente, sino hiperactiva sexualmente, si bien entiende su enojo ¿quién puede admitir que le está rezando al Señor en el servicio de las 21.00 horas y que se está haciendo atender una hora más tarde?

La cantante comienza jovencísima a hacer giras con su padre y a tomar clases de canto y baile en Nueva York. Con 14 años ya tiene discográfica y a los 19 la ficha Columbia Records. Pero su precoz éxito no disminuye sus muchas inseguridades. De carácter irascible, es despótica con su entorno y calma su ansiedad con su insaciable apetito (tanto sexual como alimenticio, algo que la acompañará toda su vida). Su primer matrimonio empeorará sus miedos, pues vive aterrorizada por su marido, Ted White  a quien su entorno define como un hombre brutal y que antes de convertirse en su manager se dedicaba al digno oficio del proxenetismo. Su relación le empuja hacia otros vicios, como los tres paquetes de tabaco diarios y alcohol, lo que provoca que sufra caídas en los escenarios (en una de ellas llega a fracturarse un brazo). Tras ocho años abandona a su marido, pero no así su debilidad por la comida y la bebida.

Conocidos son sus celos hacia otras cantantes. El odio a Natalie Cole nació cuando le arrebató el Grammy, cortando la racha en la que Aretha había ganado ocho consecutivos. Otras divas fueron objeto de su envidia, como Roberta Flack, Diana Ross o Barbra Streisand. Sus sentimientos de inferioridad hacia las mujeres provocaron que jamás tuviera una amiga.

En 1978 se casa de nuevo, esta vez con Glynn Turman, actor, director y productor. Seis años dura el matrimonio, tiempo durante el cual abandona el alcohol. El año del divorcio coincide con la muerte de su padre. La cantante despide a todo su personal y cancela sus conciertos, a pesar de estar en bancarrota debido a su consumismo masivo. Sola y pobre, comienza a tejer historias inventadas sobre supuestos romances que ha mantenido, delirios que la acompañaran durante mucho tiempo. Su hermano Cecil llega a declarar sobre ella, odia sin razón, es una locura. 

Tras estos años de oscuridad, el presidente Bill Clinton la devuelve al candelero en 1992 al invitarla a cantar en la Convención Nacional Demócrata. Las actuaciones y premios vuelven a su vida. También los celos, no queremos ni pensar en el enfado brutal que sufrió cuando en 2008 Beyonce subió al escenario a Tina Turner en la gala de los Grammy presentándola como La Reina. La ofensa se la tiene guardada. Y es que las divas lo son hasta el final, en lo bueno y en lo malo.

Entre su magnífico repertorio, canciones como Think, (Your make me feel like) A natural woman, I say a little prayer, Ain’t no way, (Sweet, sweet baby) Since you’ve been done, Chain of fools y un largo etcétera. Pero no podemos dejar de escoger Respect, por el impacto que esta canción, del año 1967 tuvo en la lucha de las mujeres por la igualdad. Les dejamos con la escena en la que la diva la interpreta en la magnífica película de John Landis, Granujas a todo ritmo. Disfruten.

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Concha Gallén

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