DESNUDANDO LA MÚSICA: Mr. E., el hombre en busca de sentido

mr E

 

Puede resultar paradójico (o quizá sea uno de esos misterios con los que la naturaleza humana nos asombra positivamente y nos revela que no estamos destinados, que el pasado afecta pero no determina) que un tipo con talante melancólico, con una vida familiar cargada de tortuosidad y con una búsqueda existencial continua (en gran parte efecto de lo anterior) consiga otorgar a sus canciones un optimismo subyacente, un buenrollismo característico como resultado de su huida de la tristeza. Nos referimos al cerebro del grupo Eels, Mark Oliver Everett.

Nacido en 1962, se crió en un familia con unos progenitores demasiado perdidos en sus propios fantasmas personales como para prestar la suficiente importancia o atención a la educación de sus hijos. Su padre, el físico Hugh Everett, hoy famoso por ser el autor de la teoría de los universos paralelos, vivió atormentado por el ninguneo al que le sometió el mundo científico. Mark llegó a comentar que había aprendido más de él tras su muerte leyendo revistas y libros que con el centenar de palabras que le debió dirigir a lo largo de su vida. Su madre, a la que adoraba, era una mujer indolente con dificultad para expresar las emociones y con súbitos accesos de llanto incontrolado. No es raro que pronto apareciera ese sentimiento continuo de soledad que le ha acompañado toda la vida. Su gran apoyo fue su hermana Liz, seis años mayor que él, que le aportó a partes iguales cariño e insensatez, introduciéndole en el mundo de las drogas y el alcohol con apenas 11 años.

Sin normas ni referentes, Mark se desarrolló como un pésimo estudiante, cuyo único interés era la música desde que le regalaron una batería de juguete a los seis años, utilizándola como vía de escape, como único sentido a un panorama interior y exterior desolador, me moría por tocar algo, lo que fuera, afimaba. Con 19 años era el responsable de una familia indolente, con nula comunicación e incapaces de poner reglas a sus hijos. La actitud cada vez más errática de su hermana, con su primer intento de suicidio, le hizo pasar del gamberro y pasota, demasiado puesto de alcohol y drogas a asumir el papel de cabeza de familia. Mientras su hermana se recuperaba de su ingesta de pastillas en casa de unos parientes, su padre fallecía de un infarto fulminante, con su hijo desesperado intentando reanimarle.

Sin ningún tipo de motivación, no obstante se matricula en la universidad, mientras la alterna con pequeños trabajos y sigue encargándose de cuidar a su familia, con su hermana diagnosticada de esquizofrenia tocando fondo con sus adicciones. Con 23 años, completamente vacío por dentro, tal y como confesó en su biografía, y harto de no tener vida, piensa por primera vez en el futuro y, animado por una novia de entonces, decide trasladarse a California para intentar meter la cabeza en el mundo de la música.

Son años duros, llenos de negativas y en los que a nadie interesaba un chico rarito de Virginia que grababa sus cintas de cuatro pistas en un armario. Pero le impactó una frase que leyó de pequeño en la biografía de Ray Charles y, siguiendo su consejo, continuó buscando en él mismo aquello que le hacía único. Diez años después de llegar a Los Ángeles crea la banda Eels y al año siguiente le llega la fama con su primer álbum, Beautiful freak (1996) y su maravillosa canción Novocaine for the soul.

Sin embargo, no podrá paladear el éxito que tanto le ha costado conseguir. En vísperas de la presentación del disco, una llamada de su madre le informa de que su hermana, en un declive sin vuelta atrás, peregrinando de hospitales psiquiátricos a clínicas de desintoxicación, tras numerosos intentos, ha logrado acabar con su vida. Dos años más tarde se suma la pérdida de su madre, a la que habían diagnosticado poco antes un cáncer terminal. Todo el dolor y la lucha por salir adelante lo plasma en el segundo y brillante álbum con título bastante elocuente, Electro-shock blues.

Años más tarde, en 2008, tras varios discos alabados por crítica y público escribe una autobiografía, Cosas que los nietos deberían saber. En ella destripa todo lo que ha sido, es y pretende ser:

Esta no es la historia de alguien famoso pero aun así he pasado por unas cuantas situaciones y he decidido que ha llegado el momento de ponerlas por escrito. Gracias a la educación que recibí me fue concedido un don, el de una inseguridad abrumadora. Pero afortunadamente he encontrado la manera de hacerme frente a mí mismo y a mi familia tratándolo todo y a todos como un proyecto artístico en constante renovación. 

La vida tiene sus altibajos. A lo largo de mi vida ha habido situaciones extremas, pero si tenemos en cuenta que no he tenido nunca un plan y casi nunca la autoestima necesaria para salir adelante, las cosas podrían haber salido mucho peor (…) De momento sigo vivo y he acabado por entender que algunos de los peores momentos de mi vida han desembocado en algunos de los mejores, así que no soy de los que devora con avidez el melodrama ajeno. Cada día es cada día, y punto. 

A pesar de todos los sucesos de su vida, no asoma el victimismo por ninguna parte. Ni el reproche. Solo un despliegue de sensibilidad y la huida del dolor incesante.

El abanico de canciones sobre el que tenemos que escoger una es amplio. Lejos del rencor, están llenas de esperanza, de una lucidez que solo le permite seguir adelante: Novocaine for the soul (life is good and I feel great (…) novocaine for the soul you’d better give me something to fill the hole before I suputter out), Hey men (now you’re really leaving) (now you are really giving everything and you’re really getting all you gave, now you’re really living what this life is all about), Fresh feeling, I like birds, The man, Rag to rags… De entre todas vamos a elegir una del último disco, The cautionary tales of Mark Oliver Everett, que ha visto la luz este mismo año. Se trata de Mistakes of my youth, una inolvidable balada en la que habla de los errores del pasado y no martirizarse con ellos, sino seguir adelante. Al fin y al cabo, en los momentos finales, espero saber que intenté hacerlo lo mejor que pude. Pura belleza.

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Concha Gallén (Psicóloga&Coach)

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