P.S 2013: Poca ‘Primavera’ y mucho ‘Sound’

Con unos días de retraso pero llena de alma e intensidad llega la crítica de uno de los festivales con mayor importancia en Europa, el Primavera Sound.

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Un año más llegó la fecha del gran festival barcelonés. La impresionante maquinaria de publicidad de este evento (superándose este año con la fiesta de anuncio del cartel completo allá por diciembre) y que ha bombardeado desde entonces con topics tipo #bestfestivalever, nos han provocado esperar con más ansiedad que nunca la llegada del jueves 23 de mayo. Y en un abrir y cerrar de ojos, el domingo 26 de vuelta a casa con las mismas buenas sensaciones de todos los años, ni más ni menos  (#bestfestivalever por supuesto que no).

Ante semejante cartel, no quedaba otra que elaborar un estudiado y riguroso programa de actuaciones, para luego incumplirlo religiosamente (¿¿por qué no vimos a Nick Cave, a Deerhunter o a Savages??: ‘que fluya’ como decía un colega).

Un aspecto sí diferenció, a peor, con respecto a otras ediciones, y fue el frío que hizo todos los días, lo que hacía preferible buscar la muchedumbre que ubicarse en las zonas más tranquilas del recinto.

Conciertazos:  Sin distinción entre jueves, viernes o sábado, honestamente se me mezclan los días y para eso está el cartel,  y ordenados tal y como han quedado grabados en mi memoria.

          Thee Oh Sees : Un llenazo para ver uno de los mejores directos del momento. Garaje, Psicodelia, punk…Rock’n’Roll cojones! con un notable nuevo disco:’Floating Coffin’, que se convierte en sobresaliente en vivo. John Dwyer es una bestia, el bajo es una a-pi-so-na-do-ra, supongo que necesitará collarín tras 1 hora destrozándose el cuello, en fin, impresionante. Cayeron una tras otra: ‘Contraption’, ‘Toe Cutter’, ‘Strawberries 1+2’, ‘I come from the mountain’…. Imprescindibles.

          Phoenix: Pese a las reticencias generales: que si son unos pijos, que si Sofía Coppola, que si Thomas Mars es blandito, lo cierto es que los de París tienen una carreta de temazos, casi todos en su anterior disco ‘Wolfgang Amadeus Phoenix’. Arrancaron con ‘Entertainment’, el single del ‘Bankrupt’ su nuevo y menos inmediato disco, para seguir con ‘Lasso’ y ‘Listzomania’. Para entonces, y ayudados por el refuerzo de su base rítmica para el directo, la fiesta era mayúscula. Otro bombazo: ‘Rome’ sirvió de colofón. El mismísimo J Mascis se unió a ellos en el cierre: ‘Entertainment’ de nuevo pero destrozando las guitarras.

          Dan Deacon: En el escenario Pitchfork, el de Baltimore nos regaló una hora de DIVERSIÓN absoluta. No esperaba que sus temas, en algunos casos tan complejos, se expandieran de tal manera en vivo. La comunión fue total y, de haber sido programado en un escenario más grande, podríamos haber presenciado algo histórico. Hubo de todo: Monólogos, Concurso de baile…divertidísimo.

          Titus Andronicus: Pese a lo avanzado de la noche, el rock borrachuzo a lo ‘Pogues’ y la soberana melopea de Patrick Stickles, entro en sintonía con un público en un estado similar. Estos tíos parecen pasárselo incluso mejor que nosotros.  Fríamente, el concierto lo tuvo todo para ser una mierda: el sonido penoso, Stickles no se tenía y olvidaba las letras, pero no, desde ‘A more perfect Union’ hasta el himno cervecero ‘Titus Andronicus forever’,  sólo hubo risas, abrazos y la certeza de que ‘the enemy is everywhere’ pero aquí estamos a salvo.

 

Los que habían dejado de tocar:  Merecen capítulo aparte, por ser uno de los reclamos de este tipo de eventos, los que se vuelven a juntar después de x años, ya sea para repasar su trayectoria, o bien para tocar su álbum emblemático de cabo a rabo. Pura nostalgia y alto riesgo (de decepción).

 

          Hot Snakes: Leyendas del (post)hardcore, quizás menos emocionante, sobre el papel, que otras reuniones (ya habían venido por nuestras tierras el pasado otoño), la realidad es que, si decides volver, que sea así. Rick y John, (Drive Like Jehu y RFTC madre mía!) montaron una batalla campal, en el mejor sentido del término. Apiñados en el escenario, supongo que estarán acostumbrados a tocar en garitos, te ametrallan con ‘I hate the kids’ y no paran hasta ‘Plenty for all’. Sonidos primarios y mucha actitud. Majestades: A sus pies.

          The Postal Service: Leyendas con un solo disco ‘Give Up’, reeditado recientemente para celebrar su 10º cumpleaños, clasificaba este concierto como de alto riesgo (otra vez, de decepción). Dar en el clavo hace 10 años, sin posibilidad de reválida, alimenta un mito nada fácil de defender en vivo. El resultado, afortunadamente, fue positivo. Ben Gibbard se muestra en plena forma e hiperactivo, acompañado por Jenny Lewis y, por supuesto, Tamborello siempre en un segundo plano. Arrancan con ‘District sleeps alone tonight’ y las pequeñas perlas del ‘Give Up’ se suceden a un volumen quizá demasiado bajo, lo que provoca una emoción contenida, hasta que ‘Such Great Heights’, himno generacional, nos transporta, ya con lágrimas en los ojos, a otro lugar en el tiempo.

          The Breeders:Las gemelas Deal trataron de devolvernos a los 90, celebrando el 20º aniversario del ‘Last Splash’ tocándolo íntegramente y en su orden. Considero una soberana gilipollez este formato y seguro que, cuando Kim Deal anunció ‘ahora toca la primera de la cara B’, no fui el único. Por otro lado, y siendo un buen disco, tampoco es el no va más y eso se acentúa en vivo. Yendo al grano, y pese a todo lo dicho, ‘Las Breeders’ sonaron compactas y escuchar ‘Divine Hammer’ o, por supuesto, ‘Cannonball’ es emocionante y más cuando ni te podías imaginar llegar a escucharlas en directo. Al fin y al cabo ¿no es por estas cosas por lo que vamos a ver a ‘los que habían dejado de tocar’?

          The Jesus and Mary Chain: He aquí el claro ejemplo de reuniones ‘innecesarias’ (al menos para el público, ya que supongo que no serán así para los bolsillos de los reunidos). Desgana, apatía y desilusión para todos al escuchar a Jim Reid interpretar sin alma clásicos como ‘Head On’, qué pena!. Tampoco es que hayan sido nunca la alegría de la fiesta, pero para esto no, por favor.

          Blur: Justo en el punto opuesto que los anteriores, Blur nos dieron lo que nos tenían que dar (más no pueden). Abriendo con ‘Girls&Boys’, para qué queremos más, triunfaron con sus hits (G&B, Song2, Country House…) y la cagan cuando experimentan. Blur en su más pura esencia. El que se pone bastante pesadito es Graham Coxon metiéndole noise a lo Thurston Moore.

 

Otros:

          Wild Nothing: Con Wild Nothing es como darse cabezazos contra una pared. Sabiendo que tienen un directo, digamos, flojete, caigo una y otra vez en la trampa. No es que se pase un mal rato, pero no son capaces de llevar el espíritu de sus discos al escenario. O tal vez sí, y es que no hay más cera que la que arde. En todo caso, temas antiguos como ‘Golden Haze’ suenan razonablemente bien.

          Manel: por causas que aún no acabo de explicarme, recaí en el concierto de Manel y ya que estaba allí me propuse tratar de disfrutar (que me parta un rayo si no fue así). Un público escasito para la hora y el escenario, y 100% nacional, acogieron con entusiasmo cada uno de los temas que por allí sonaron. Para un profano que les escucha por primera vez, nada de nada. Lineales y aburridos, musicalmente anodinos. Supongo que si te sumerges en su universo, habrá mucho donde rascar. Al día siguiente leí en la prensa local que demostraron poder jugar en la Champions League. De verdad: ni de coña.

          Antonia Font: Lo mismo que con Manel, aterricé casualmente en el concierto de los mallorquines pero, en este caso, el pop luminoso y verbenero me dejó buenas sensaciones. Temas como ‘Oh Yeah’ suenan muy resultones. Un buen rato.

          Death Grips: Una especie de aquelarre de Hip-Hop Noise, con una puesta en escena imponente y un nivel de intensidad altísimo. Creo que no era el único que apenas los conocía y seguro que no fui el único en salir de allí bastante acojonado.

          Hidrogenesse: Se mueven en el fino alambre que separa lo original y divertido de la vergüenza ajena y el ridículo. En este caso, se acercaron a lo primero y, atacando ‘Captcha Cha-Cha’, intercalando chascarrillos entre canciones (memorable la comparación del nivel vocal de Carlos con el de Solange), nos hicieron pasar un buen rato de esos ‘entre-conciertos’.

 

Entorno:

La organización del festival, más allá de las caminatas para llegar a los grandes escenarios del fondo (este año trasladaron el principal al final del recinto), es uno de sus puntos fuertes.

Apenas hay colas, algunas el primer día para recoger las pulseras, los puestos de comida son bastante variados, y, entre los de merchandising , destacaba una zona de carteles, con auténticas obras de arte a las que no me pude resistir. Los precios, nada nuevo, altos, en consonancia con el nivel del público del festival. No nos engañemos: a bastante más de 100 euros el abono y a 90 el pase de día, y dados los tiempos que corren, no estaba lleno de veinteañeros ni mileuristas, pese a lo que puedan intentar aparentar. A modo de ejemplo, la organización puso a disposición un servicio interno de Minis (‘gratuito’ entre comillas porque ya estaba pagado de sobra con la entrada) para moverse rápidamente de punta a punta del recinto.

Blagg. Barcelona

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